URUGUAY NOMÁH! Una pequeña reseña sobre “Prontos, listos, ya” de Inés Bortagaray

Que bacanes son los uruguayos, un país donde a los locos en vez de enviarlos al psiquiátrico los mandan a jugar fútbol, destacando en las posiciones de centrales y delanteros, dando origen a esas locuras lindas que hacen gritar desde el más pibe hasta Galeano. Pero, obviamente, no solo en el fútbol hay talento en Uruguay, también hay en las artes e incluso en la política, un país que -en contraste con el nuestro- elije a un presidente que es mezcla de Mandela, Che Guevara y Gokú, en cambio nosotros que elegimos al emperador de los pelotudos que no puede hablar más de dos frases coherentes continuas.

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Presidente de Uruguay pateando un penal en el mundial de Sudáfrica.

Honestamente no sé mucho de Uruguay, salvo todo lo que he aprendido en “Tiranos Temblad”, una serie humorística de youtube que me mostró el Diego y que resume los acontecimientos que han pasado en ese pequeño país.

En fin, pongámonos serios.

Hace poco llegó a mis manos el libro de Inés Bortagaray “Prontos, listos, ya” de Editorial Laurel. Un breve relato que me fui leyendo en el trayecto a ver a mis padres a San Antonio. El libro nos muestra desde los ojos de la hija un viaje familiar hacia la playa en vacaciones: la hermandad está compuesta por tres pibas y un pibe, cerrando el clan y en los asientos delanteros: el padre al volante y la madre de copiloto. El relato es un continuo ir y venir de reflexiones que se encadenan con anécdotas inocentes para nosotros los “adultos” pero llenas de una verosimilitud conmovedora para ella.

La escritura tiene la virtud de ir creando perfiles de cada integrante de la familia, no como meras descripciones físicas o psicológicas, sino que se apoyan en los elementos del viaje y como está situado el personaje en la vida de la narradora, generando puntos de encuentro en frases tales como esta:

“Mi hermana mayor es la otra privilegiada que tiene ventanilla, pero ella no mira postes, porque también duerme, inclinada sobre el vidrio, sacudiéndose en un movimiento constante, en un golpeteo suave y persistente que la arrulla, creo, y que me arrulla, sé”

El viaje es tan largo, a ratos una condena, que es imposible que nuestra protagonista no caiga en corrientes de la consciencia, que mire sin ver, que el paisaje tan repetitivo solo se transforme en un hipnotizador, que sus pensamientos se vuelquen hacia la muerte, con una reflexión que mezcla de esa ingenuidad juvenil, pero con el perfecto toque literario para dejarte entrar en un piquero directo a su cabeza:

“A veces pienso en el día después de muerta y en el aviso de margarina que se unta en pliegues perfectos sobre la tostada perfecta y ese aire de mañana feliz del desayuno familiar con sol y ventana y cortina y diario y tostada y humo que sale del café y las uñas de todos bien cortadas y limpitas y todo seguirá funcionando igual que antes, y cuando la madre muerde la tostada al tiempo que sonríe y mira con ojos de qué placer esta margarina, por Dios, yo me puedo morir acá mismo (eso es lo que ella dice en los pensamientos, en el colmo del entusiasmo, no es lo que yo digo, aunque justo esté hablando de mi muerte eventual), no importará que me haya muerto, que ninguno de nosotros haya muerto, porque igual se escribirá en la pantalla la palabra Candor con letras dibujadas con margarina y la gente en la calle igual atravesará la puerta giratoria del banco e igual entre los premios que se ofrecen a la vista de todos en la kermesse anual de la escuela habrá una lata de arvejas, un juego de cucharas con mango de plástico, un abanico con hermosísimos motivos chinos, un reloj que puede ser despertador o puede ser cucú, un portarretratos con una pareja de enamorados caminando en la orilla del mar mientras atardece fulgurantemente, duraznos en almíbar”.

Un libro indispensable para todas las personas que se aburren de los relatos lineales, de la liviandad de las formas y de las viejas estructuras. “Prontos, listos, ya” es un libro que no se agota, que se puede leer una y otra vez, un relato como una carretera con muchas curvas, cruces, puentes y pueblos aledaños.

Mención especial a Nicole Tijoux por “Flotadores”, la hermosa ilustración de la portada.

También tiene un pez que se llama como yo, pero bueno, creo que eso no es tan relevante para ustedes.

Boris,

Librero en Los Libros del Gato Caulle

Baquedano #628, Valdivia.

 

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